18/8/08

Ella - IV

Cada día recuerdo menos mi vida antes de ella. Cada día olvido más que afuera de nuestra mansión existen autos, y celulares, y DVD's y Televisores. Olvido que l agente se apura, que la gente corre. Que hay edificios y oficinas. Es tan fácil olvidarlo todo cuando estoy con ella.
Ayer se encerró en la sala de música, yo la miraba desde la ventana [ya aprendí a no acercarme cuando sus ojos brillan de esa manera]. Tocaba el arpa, sus manos blancas se deslizaban suavemente por las cuerdad, parecía un angel muy triste. las lágirmas brillaban en su rostro y ella las dejaba fluir. Yo sabía que a ella le pasaba algo, pero es muy dificil hablarle cuando está así.
Su visión del mundo es muy extraña, siempre habla con colores, hoy el mundo estaba negro a pesar de que el sol brillaba y el rocío creaba un bello arcoiris en los jardines.
Uno se olvida de la violencia en sus actos cuando ve el arte con el que se mueve. Es un poema en movimiento, con su pelo [ahora estaba colorado] volando mientras su cuerpo se movía para acariciar el arpa, que con un fuerte golpe cayó al suelo. Así tan artística, tan bella, si uno mira con cuidado puede ver el destello de odio en sus ojos, que abren la ventana, por un segundo, al demonio que lleva adentro, que yo, convenientemente, hago de cuenta que no existe.
Yo miro desde la ventana mientras ella hace su danza. El sonido del vidrio roto e suna orquesta que acompaña su arte.
Luego ella cae
Y veo la mancha roja en el piso
Y el marco del espejo y los vidrios rotos a su alrededor

Ella - III

Ella es bella y es etérea. Ella es eterna y es efímera. Ella se contradice con el simple hecho de existir.
Ella volvió a cambiar. Ahora es rubia, su pelo brillante le cae ondulado hasta la cintura. Lo usa medio recogido. Ella es todas las mujeres, y a la vez no es ninguna. Ella esta, o quizás no. Ella esta. Ella esta? Esta? Ella no esta, ella es. Simplemente es, simplemente existe.

Ayer caminábamos por el jardín. Un picaflor le succionaba el néctar a un tulipán y una abeja le robaba el polen a una orquídea. Ella miró adentro de una campanilla y vio una hormiga, grande y negra apropiándose de un pedazo de pétalo. Ella me miró, con esa mirada intensa y esos ojos llenos de naturaleza y me comentó como al pasar: "Toda vida existe a costa de otra, tarde o temprano, para que algo viva otro ser tiene que morir, es la ley de la naturaleza." Se dio vuelta y arrancó una rosa. Se lastimó el dedo con las espinas, y comentó algo sobre como nutriría el rosal con su sangre [su vida]. Ella siempre tuvo una visión extraña sobre la vida y la muerte. Donde ella vive esas cosas no existen.

14/8/08

Ella - II

Ella vive en otro plano de la realidad, tardé mucho en aceptarlo, aunque creo que desde el principio lo supe. Nunca me arrepentí de dejarla involucrarme en su locura, pero no sabré jamás si era lo correcto. A ella le gusta vestirse de negro, a ella le gustan los vestidos y los colores oscuros. Quizás vela por alguien ha muerto en su realidad paralela, quizás vela por ella misma. Cuando le pregunté me dijo que estaba de luto por el mundo, que el mundo estaba muerto. Yo siempre creí que es algo más. Eso me suena mucho a algún libro, y a ella siempre le gustó leer.
A veces le agarran ataques de depresión. Se lamenta de estar "así", aunque nunca me quedó claro a que estado se refiere, aunque, por supuesto, la mitad de las veces ni la entiendo a ella en general.
A ella le gustan las novelas, se pasa horas sentada en el diván de la biblioteca, con sus enormes vestidos y sus bellas manos deslizándose suavemente por las páginas de los libros. A mi me gusta mirarla, me paso horas sentado en el diván de la biblioteca mirándole mientras se envuelve en sus libros. Creo que ni la eternidad que ahora se despliega frente a mi me ayudará a comprender que siento por ella. Quizás es, realmente, amor. Quizás es fascinación o curiosidad. Su mundo me intriga, su mente también.
Eramos una pareja atemporal, o, mejor dicho, acrónica. Vivíamos en nuestro microclima dentro de una mansión europea construida a mediados del 1700. A veces creo que esta era la casa donde ella decía vivir. A veces dudo si en realidad esta casa no fue construida especialmente para sus padres, aunque eso haya sido tres siglos atrás. Teníamos un jardín enorme, verde, lleno de flores de colores donde a veces revoloteaban las mariposas. Ella pasaba las tardes en el pasto a la sombra de un olmo. Vivíamos en el siglo XVII durante el siglo XXI.
Un día ella estaba, como siempre, sentada en la mesa del comedor, un libro apoyado sobre el vidrio a su derecha, un frasco de esmalte de uñas negro y uno blanco a su izquierda, un frasco de quita esmalte frente a ella y en su mano, un pincel. Ella era ambidiestra.
Me mostró sus manos, sus uñas estaban pintadas de un prolijo color negro con una perfecta franja blanca en las puntas. me sonaba extrañamente conocido, peor no le presté mucha atención. Ella vivía en otra realidad y se pasaba horas hablando con las hadas del jardín, quizás ella misma fuera un hada, oscura y perturbada.